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INVESTIGACIÓN

Cómo está compuesto el uribismo

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El uribismo está compuesto por varios grupos muy definidos, familiares de personas dedicadas al narcotráfico, clanes de corrupción, patrocinadores y miembros del paramilitarismo y un grupo más, que funciona a manera de cómplice dado que apoya a los tres primeros por los beneficios económicos que ello les reporta.

El uribismo y el narcotráfico

La estructura básica del uribismo está conformada por lo que podría denominarse los “herederos” del Cartel de Medellín, aquí encontraremos a familiares de miembros de esta organización criminal como José Obdulio Gaviria, Paola Holguín y claro, Álvaro Uribe, entre otros.

Uribe, con vínculos de sangre hacia el Clan Ochoa por el parentesco familiar de su madre, inicia el listado.

Podríamos decir que sigue su gran aliado, José Obdulio Gaviria, cuya familia ha estado absolutamente permeada por el narcotráfico, no solo es primo de Pablo Escobar, también sus hermanos pagaron condenas por narcotráfico en Estados Unidos, e incluso hicieron parte de las juntas directivas de empresas fachada del Cartel de Medellín desde se ordenaron y pagaron asesinatos tan graves como el de Guillermo Cano, director del periódico El Espectador.

A continuación tendríamos a la hija de un albañil quien sería testaferro de bienes para Pablo Escobar y después capo de la droga en Sabaneta (Antioquia), hablamos de Paola Holguín.

Con Paola Holguín, el cartel de Medellín repite su estructura en sus herederos, de igual forma que su padre fue mano derecha de Pablo Escobar, ella ha sido la mano derecha de Álvaro Uribe.

Es incluso la encargada de la propaganda negra contra quienes denuncian los delitos o se oponen a las actividades de su organización.

El uribismo organizó un movimiento político desde donde varias organizaciones criminales pueden mover sus fichas con la figura de la “persona interpuesta” es decir, no participa directamente el delincuente sino que actúa a través de una segunda persona que puede ser su cónyuge, un hijo, un hermano, un sobrino, etc.

Son tan amplias las vinculaciones del uribismo y su partido político con organizaciones criminales que la figura de atar con hilos sus nexos, como sucede en la serie ”Matarife” es más que reveladora.

No hay que buscar mucho en la trayectoria y vida familiar de los seguidores del uribismo para encontrar sus vínculos criminales, y los casos, como digo, absolutamente generalizados.

Jennifer Arias, por ejemplo, presidente de la Cámara de Representantes (Organismo del Congreso colombiano) es hija de una persona condenada por homicidio y cuenta con un hermano condenado por narcotráfico, pero el asunto no para ahí, se le conoce como la lobista de las empresas de aviación que realizan “vuelos humanitarios” que terminan siendo sorprendidas con cargamentos de droga.

El asunto es interminable, la congresista Margarita Restrepo patrocinada por el jefe de sicarios de Pablo Escobar para su campaña electoral muestra el comportamiento de clan del uribismo para asediar al Estado colombiano y apoderarse del mismo.

Funcionarios en puestos claves del Estado que permitan utilizar la estructura del mismo al servicio del narcotráfico, será otra de las constantes, es un cartel apoderándose de un Estado una vez lograron asesinar a los principales líderes morales de la sociedad colombiana.

El tema del uribismo ubicando personas vinculadas al narcotráfico en cargos diplomáticos es un asunto igualmente generalizado.

Los vínculos del narcotráfico con el uribismo están en todos los niveles, hecho que no les preocupa dado que han asumido incluso la administración de los entes de control del Estado.

Los clanes de la Corrupción

El segundo grupo que conforma esta organización denominada uribismo, son los claves de la corrupción, bandas criminales organizadas en grupos familiares dedicadas al saqueo del Estado.

Tienen al país dividido por zonas y cuando se generó la guerra entre las guerrillas y el cartel de Medellín fueron uno de los grupos que apoyó a este último decididamente (desde antes le recibían dinero de sobornos), además, era uno de los grupo criminales que la guerrilla venía asediando hace tiempo.

Uno de los grupos más notorios es el conformado por la familia Guerra, del norte del país y quien debe su fortuna principalmente del saqueo a los recursos de la salud en departamentos como Sucre.

Los Guerra

Paradójicamente con su apellido y el significado que tiene en Colombia, uno de los clanes más conocidos por delitos asociados a la corrupción es el conformado por la familia Guerra.

Padres, hijos, primos, hermanos, todos vinculados a actividades ilícitas, presos o suspendidos de la función pública por esquilmar las arcas del estado.

Los Arizabaleta

El apellido Arizabaleta también ha aportado una extensa lista de sus poseedores a un perfil típico del uribismo, familias de personas dedicadas a la corrupción que son cercanas a organizaciones del narcotráfico.

Los primeros registros que se encuentran sobre la comisión de delitos por parte de la familia Arizabaleta se refiere a las actividades de corrupción asociadas con el narcotráfico por parte de dos hermanos de esta dinastía, Jaime y Rodrigo Arizabaleta Calderón.

El primero, Jaime, vinculado y mencionado frecuentemente siendo senador por recibir sobornos del cartel de Medellín para bloquear la normatividad que establecía la extradición de los capos de la droga.

Curiosamente otra persona mencionada en ese momento para dicha actividad, era Álvaro Uribe Vélez, quien en esas fechas fungía como senador, y por la documentación hallada, era el encargado de entregar los dineros del “engrase” legislativo enviados por Pablo Escobar a sus compañeros.

El hermano de Jaime, Rodrigo, también fue vinculado a actividades de corrupción, principalmente por dar malos manejos a los dineros del banco Caja Agraria, organización financiera estatal para el apoyo al sector campesino.

Si bien Jaime Arizabaleta fue capturado por recibir dineros de los carteles de la droga en 1998, con la llegada de su compañero de Senado Álvaro Uribe al poder, fue exonerado y la nación tuvo que resarcir con dinero el tiempo que estuvo preso.

Pero la actividad delincuencial de los Arizabaleta no culmina allí, sus gestiones más recientes las ha encabezado Daniel García Arizabaleta, funcionario que aunque tiene múltiples sanciones por corrupción es una ficha fundamental de las actividades políticas del uribismo.

Aunque los señalamientos sobre corrupción han sido más que frecuentes, es uno de los hombres clave del uribismo, a tal punto que su familia ha sido una de las grandes beneficiadas en la repartición de burocracia durante el gobierno de Iván Duque.

Para cerrar este clan debemos mencionar a Jaime Arizabaleta Jr (Jaime Ignacio Arizabaleta Fajardo) que podríamos decir, es el “matón” del clan, su función es intimidar, desprestigiar y amenazar a jueces, periodistas, profesores y en general a cualquier persona que señale, recuerde o indique los delitos cometidos por su organización política.

Arizabaleta Jr, hace parte de la denominada “Bodega Uribista”, grupo de activistas digitales que pretende mantener intimidada a la sociedad colombiana frente a las acciones de las organizaciones criminales que componen el uribismo.

El tribunal de la Justicia Especial para la Paz, JEP, es uno de sus principales focos de atención por cuanto allí se juzgan y aceptan sus delitos tanto los paramilitares como los miembros de la fuerza pública que cohonestaron masacres, asesinatos selectivos y traspaso ilegal de tierras entre otros, delitos de los cuales se vio beneficiado el uribismo.

En general en este grupo de clanes de la corrupción que se benefician del narcotráfico también aparecen nombres como Miguel Uribe Turbay, nieto del expresidente colombiano Julio César Turbay Ayala, uno de los primeros presidentes apoyado por grupos de narcotraficantes, quien en su momento respaldaron a partidos como el liberal para que se les permitiera hacer parte de sus cuadros políticos, así los hizo Pablo Escobar, por ejemplo.

En el caso de Miguel Uribe Turbay y su relación con Álvaro Uribe viene desde que este último siendo presidente desestimó las investigaciones que se venían realizando por los desfalcos contra el Banco del Estado a las que había sido vinculado su padre.

Otro caso es la familia Pretelt, seleccionada por el uribismo para infiltrar instituciones judiciales pero terminaron condenados por corrupción. Además de apoyar campañas de desprestigio, los vinculados a escándalos por parte de esta familia son sus alfiles en la distribución de información falsa y en estrategias de ataque contra las instituciones de gobierno.

Los escándalos de los Pretelt no solamente incluyen sobornos, sino además apropiación ilegal de tierras contra particulares y contra parques de la nación.

Así como los Turbay son el vivo reflejo de las relaciones del Partido Liberal Colombiano con la mafia, algo similar sucede con la familia Valencia desde el Partido Conservador.

El Senador Santiago Valencia, sobrino del fiscal que trabajaba para la mafia, hoy está vinculado por el movimiento político uribista apoyándolos con la ejecución de campañas de desinformación, de generación de miedo en la ciudadanía y de intimidación a las instituciones de justicia.

De organizaciones como el uribismo no se pueden esperar ni honestidad ni vergüenza, por ello una vez son capturados, vinculan su estructura familiar para poder continuar con actividades que les favorezcan.

Paramilitares y militares vinculados al narcotráfico

Una alianza muy productiva a la hora de saquear al Estado es la que hay en Colombia entre organizaciones criminales y fuerza pública, infalible a la hora de intimidar jueces y demás instituciones de la ley.

Por ello una de las jugadas claves que mantiene a la sociedad colombiana sometida, es la relación de miembros del Ejército y la Policía al narcotráfico, lo que les permite ejercer campañas de exterminio, asesinatos selectivos y desplazamiento de población en las zonas donde requieren ejercer control para sus actividades ilícitas.

Al vincular al negocio a miembros de la fuerza pública colombiana (tanto policías como militares) las organizaciones criminales no solo se consolidaron en el control del Estado, también pusieron a su servicio las armas institucionales para combatir otros carteles y someter a la población, superando con creces a las demás dependencias estatales, sometidas o por la corrupción del dinero o por la fuerza de las balas.

Otra de las ventajas del control y dirección que ejercen los herederos del Cartel de Medellín sobre la fuerza pública colombiana radica en los aeropuertos militares, que se convierten en bases sin control para el transporte de drogas prácticamente sin restricción alguna.

Como delitos conexos a sus actividades de narcotráfico, los paramilitares intimidan población para generar desplazamiento de comunidades. Los asesinatos de líderes y las masacres tienen ese objetivo, del que sus patrocinadores se lucran generando la apropiación ilegal de los predios y las fincas campesinas.

Ese es el caso del Fondo Ganadero de Córdoba y de personajes siniestros como José Félix Lafourie, esposo de la senadora María Fernanda Cabal.

Después de sus tres grupos principales, personas vinculadas con el narcotráfico, con clanes de la corrupción y con paramilitares, el uribismo podría decirse está conformado por otros dos grupos gregarios, los que se lucran de los dineros ilícitos y los fanáticos que siguen las ideas de Uribe ciegamente.

En el grupo de los que se lucran de los dineros ilícitos están abogados, periodistas y asesores para defender ante la opinión pública sus actividades criminales, eso claro, sin contar a exmilitares, siempre atentos a ver si los contratan para alguna “vuelta” o empresarios que se lucran de la corrupción y el lavado de activos.

En el último grupo están generalmente personas de la tercera edad que siguen con fe los chats de WhatsApp mediante los cuales los asesores mantienen con información falsa la narrativa ficticia que ya no pueden sostener.

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