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OPINIÓN

Crónica de un debate fracasado

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Eran las cuatro de la tarde cuando recibí una invitación para asistir al debate presidencial que realizaría El Colombiano en su sede ubicada en el municipio de Envigado; allí estarían los candidatos Sergio Fajardo, Ingrid Betancourt, Federico Gutiérrez y Gustavo Petro debatiendo sus propuestas.

Terminé mi jornada laboral y me dispuse a ir en metro hasta la estación Envigado para el esperado debate. Llegué a El Colombiano a las 7 p.m. y lo primero que veo en la entrada es un pintoresco momento protagonizado por el candidato presidencial, Enrique Gómez, del Movimiento Salvación Nacional, quien denunciaba que no fue invitado a participar del debate presidencial.

Mientras eso ocurría, yo estaba intentando entrar a la sede de El Colombiano como invitada del Pacto Histórico, pero me negaron la entrada porque, según los guardas de seguridad, yo no me encontraba en la lista de ingreso. Estuve alrededor de 15 minutos afuera, escuchando como el candidato Enrique Gómez veía el debate en vivo desde su celular y respondía las preguntas que los presentadores le hacían a los candidatos que sí fueron invitados.

Después de la larga espera pude ingresar a las instalaciones; lo primero que noto es que el debate lo estaban transmitiendo por streaming, es decir, los candidatos estaban en un salón aparte con los presentadores y los espectadores estábamos en otra habitación. No sé si nos separaron por un tema de seguridad, pero se sintió como si ellos -los candidatos- fueran personas intocables y que nosotros no éramos dignos de compartir un mismo espacio.

Al fondo del salón había una especie de Buffet para los invitados y estaba acompañado de un camarero muy amable que incluso me ofreció dos postres para procesar el aburrido debate. ¡Ah! Porque estaba olvidando contar que el candidato Gustavo Petro no pudo asistir y, a mi criterio, los otros candidatos tienen un discurso precario y necesitaban hablar de Petro en cada frase que decían para que su mensaje repercutiera.

Quizás el único momento emocionante del debate fue cuando el candidato Fajardo le dice a “Fico” que es el candidato de Uribe y Duque, mientras Gutiérrez se defendía de sus afirmaciones. Después de ese “álgido” momento, el debate prácticamente murió, las personas que se encontraban en el salón comenzaron a irse una a una, al ver que el nivel del debate era pobre.

También fue notorio que tanto los presentadores como los candidatos presentes en el debate se la pasaron hablando de Petro, por lo que en redes sociales comenzaron a decir que el ganador del debate había sido Petro a pesar de no haber asistido, y yo también lo creo.

Después de 90 minutos del peor debate que he visto en esta contienda electoral, me reuní con varias personas que todavía se encontraban en el salón para compartir nuestras impresiones; la conclusión es que Petro es quien le pone altura a los debates y los otros candidatos dieron respuestas poco brillantes y con precario contenido.

Terminado el debate me quedó un sinsabor, porque siento que los temas que tocaron en las preguntas fueron superficiales, nada sobre la implementación del Acuerdo de Paz, o la crisis agraria, nada sobre el fraude electoral que se está descubriendo; nada sobre lo fundamental, sin visión de país, hablando desde la comodidad y la mediocridad.

Sobre los organizadores, nada diferente, los propietarios de El Colombiano, que son los mismos propietarios del llamado GEA, se quedaron con las ganas de corchar a Petro y hacerlo quedar mal, no pudieron. Por el contrario evidenciaron su animadversión por todo lo que pueda representar un cambio que los saque de su zona de confort. Acomodados los periodistas, en contraste con la incomodidad de la gente que, como sus lectores, prefirió abandonar el teatro preparado para aquel al que llaman “Fico”.

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